jueves, 24 de mayo de 2012

JAF

Quisiera encontrar palabras que me lleven a ese lugar donde las gracias son cortas, y los porque son eternos, para que mitigar las lagrimas que se escaparon de mis ojos soñadores, para que delimitar el estado de satisfacción que solo una persona supo darme atravez de la música, de esa incansable música que transita por las noches silenciosas y abriga a los que solo tenemos ese soñar eterno envuelto en un pedazo de melodía.
Tratar de entender y comprender porque algunas personas accionan de una manera diferente es un caso irresoluto, solo hay que disfrutar y aprender de la humildad de los perfectos desconocidos que te dan un todo, sin ese porque determinante, regalando la felicidad eterna del momento único con tan solo una acción.
Dar las gracias solamente me dejaría en una posición delimitada por un sinfín de particularidades,  comprendo que cada uno de nosotros somos maquinas perfectas de un mundo determinadamente delimitado por situaciones ordinarias y constantes.
Quizás en estos párrafos se esconden las palabras precisas que cincelan la más profunda devoción del agradecimiento sincero, cordial y eterno.
Es que las palabras son tan mezquinas cuando uno intenta engalanar una acción que es naturalmente pura y honesta, y es así, que estas acciones que están tan cerca de esa pureza humana que ya la mayoría de los hombres hemos olvidado, se ensucian con aforismos berretas y agradecimientos incipientes, que nada hacen a la constelación de ese ser único.
Por eso en estas palabras van mi alegría, mi tristeza, mi clamor, la inconsciencia de mi juventud  intransigente y erróneamente precisa que ah dejado en este cuerpo treintañero su perpetua personalidad, mis anhelos, mis miedos, mi nómade organización musical, mis creencias, mis errores, y mis sueños, que son la causa de toda mi música, de esa métrica fluctuante que arrincona mis más simples melodías. De esas ideas con forma de cinceles que se arremeten en formas y lugares que solo la inconsciencia puede manejar.
Una noche conocí a un hombre, nada sabía de él, una luz indeterminada eternizaba su forma irregular, la perplegidad de mis movimientos determinaron un estado de abstracción, solo pude escuchar unas notas perdidas de una guitarra que cortejaba una voz única, melodías circularon por mis venas, mi corazón radico un estado musical que nunca había percibido, mis sentidos se materializaron en canciones, nada pude hacer, ni la energía del cosmos podría haberme despertado de ese estado insuperablemente armonioso.
Algunas personas no necesitan ser grandes para ser eternos, solo con ser personas de verdad, han encontrado el camino de la inmortalidad.
Juan Antonio Ferreyra, sos mi artista predilecto, siempre estarás en mí, en cada canción, y en cada segmento de mis sueños musicales. Eternamente gracias.

2 comentarios:

MI PASION ROCK dijo...

el mismo sentimiento... la misma pasion!! hermosisimo!!

Maxi Vega dijo...

Pasión querida!!! Como sabe usted de esto. Abrazos y Besos!!!